De mis manos se desprenden las caricias del resplandor cautivo.
El grito de una pieza de temporales, la lluvia que no cesa.
Presencia comunicada de lazos crecientes virtuales y reales
¿qué es realidad? ¿un sueño?
Y se entrelazan los brazos, socavando la angustia,
alejándose la voz dormida, una nueva sonrisa.
El crepúsculo incandescente invoca nueva energía
silenciando cada paso, llegando a un nuevo paraíso…

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