La mano que aún cobija y se aleja a pasos agigantados:
un crepúsculo anuncia su ida
y el cabello se quiebra para llorar por pétalos de rosas
que mueren simplemente por dejarlos libres.
Duermen en soledad, ya no hay silencio, no hay paz
sólo queda una lágrima y un hechizo de niñez,
aquel momento para recordar, un libro, una señal
angustia. La condena y los labios suaves que esperan
el acercamiento eterno.

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