miércoles, 16 de abril de 2008

Creo


La mano que aún cobija y se aleja a pasos agigantados:

un crepúsculo anuncia su ida

y el cabello se quiebra para llorar por pétalos de rosas

que mueren simplemente por dejarlos libres.

Duermen en soledad, ya no hay silencio, no hay paz

sólo queda una lágrima y un hechizo de niñez,

aquel momento para recordar, un libro, una señal

angustia. La condena y los labios suaves que esperan

el acercamiento eterno.

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