
Han pasado miles de años y la situación da a luz una historia construida por detalles, ínfimos junto al silencio. La liberación del yo como ente intrínseco de la humanidad hace que las preguntas, las respuestas se situen en un plano no objetivo pero que establece una sensibilidad más allá del horizonte, más allá de las fronteras. En estos tiempos de barbarie, de maquinización, de vivencia y sin sentido profundo experiencial. ¿De qué manera se puede lograr la apreciación de la nada, pensando en nada? Muchos simplemente dicen que, bajo una crítica racional es imposible porque la nada pertenece a un todo, y la nada es una especie de subconjunto del todo. Es complejo discutir estos temas en el diario vivir, pero al parecer son sólo muy pocos los que a ratos pueden desapegarse del yo cognitivo y el yo vivencial. Cuando logramos una comunión natural, asi como el sentir que la luna se acerca o se aleja, que se acerca el día o la noche, que los astros están determinando los movimientos de cada uno de nosotros bajo su enorme potencia gravitatoria pasamos a sentir una especie de catarsis relativa que nos involucra en un sistema paralelo donde cada movimiento o sentir se aprecia de sobremanera, entrando en unión con aquel mar que hace de nosotros un ser eterno dentro de las entidades casuales.

No hay comentarios:
Publicar un comentario