Me quité las máscaras para dejar de ser el hombre con hambre de devorar tristezas,
de intercambiar gritos y súplicas.
Me cansé del desperdicio de las palabras ensangrentadas de sentimiento,
expresadas mediante adornos sociales.
Me cansé un tiempo de la escritura,
de mis regaños y de mi.
Me cansé de mirar al espejo y buscar una sonrisa tras el concreto,
de botar mil lágrimas enmohecidas y sin razón de existencia.
Estuve muerto y ahora el soñar es mi verdad
y mis máscaras en sociedad han quedado en las calles vacías.